Intentando derribar mitos en la soltería
- 21 ene
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Como personas solteras y con el anhelo de casarnos, pasamos por diferentes situaciones que desafían nuestra fe y nos ponen a dudar en si estamos haciendo o no bien las cosas. Soy una mujer de 39 años que anhela con todo su corazón tener su propia familia, y tengo que confesar que en ocasiones me he sentido culpable y avergonzada por tener este anhelo. Apuesto todo a que este sentimiento lo compartimos hombres y mujeres, y por esta razón mi intención es poder traer un poco de paz a cualquiera que se sienta identificado con este sentimiento, no importa si es hombre o mujer.
Me he topado con la idea de que es más fácilmente aceptable el hecho de anhelar una casa, un carro o un posgrado que un esposo y la razón es que ese anhelo en ocasiones es interpretado como un desespero o como que Jesús no es el centro de mi vida. Frases como “El día que dejé de anhelar a mi esposo, allí fue que llegó”, “Revísate, quizá haya un pecado que no ha sido confesado aún”, “No estás lista para eso, si lo estuvieras, ya Dios te habría mandado un esposo”, “Dedícate a servir al Señor y tu esposo llegará” han sido consejos de algunas personas cercanas, y si bien no son mal intencionados porque han venido de personas que realmente me aprecian, me han hecho mucho daño, y la razón es que al final del día todas estas razones no tienen que ver con Dios, su gracia, poder y misericordia, sino que tienen que ver conmigo y con mis esfuerzos y eso pone una carga sobre mi espalda imposible de cargar. Estas frases me hicieron pensar en algún momento que el hecho de tener un esposo tenía que ver más conmigo y mi desempeño que con Dios mismo, y eso para alguien que lidia con el perfeccionismo es una daga en el pecho, porque al final concluyes (erróneamente) que si las cosas son así no tendrás lo que anhelas porque evidentemente no tienes con qué. En esta oportunidad quiero enseñarte lo que aprendí de esta situación, quizá tenga sentido para ti, sobretodo si eres una mujer u hombre en los 30s que ama a Jesús con su corazón.
En primer libro de Samuel encontramos la historia de Ana, una mujer fiel al Señor y esposa de Elcana, quien anhelaba con todo su corazón ser madre. Un día fue al templo a orar por ese hijo que anhelaba. Dice la Biblia que “Ana lloraba amargamente por ese hijo” (1 Samuel 1:10). Ella tenía que soportar que Penina la otra esposa de Elcana se burlara de ella por no tener hijos, y también que su esposo al verla llorar le dijera “¿Por qué lloras? ¿Solo por no tener hijos? me tienes a mi ¿Acaso no soy mejor que tener 10 hijos?” (1 Samuel 1: 8). Desde mi punto de vista, estas dos personas desestimaban el anhelo de Ana, y si bien esta historia se trata del anhelo por un hijo, no está muy alejado de la realidad que enfrentamos aquellos que anhelamos un cónyuge. Me he encontrado con personas que me han dicho “No estés triste, Jesús es suficiente” como si eso pudiera traer suficiente consuelo, y piensan que el acto de anhelar y llorar en ocasiones es sinónimo de que Jesús no es el centro de mi vida. De la historia de Ana deseo puntualizar dos cosas. La primera es que a ella no le importó lo que dijeran los demás, ella derramó su vida y oración delante de la presencia de Dios. Dios no desestima tu deseo ni te acusa porque que vayas mil veces a su presencia, te derrames, llores y gimas por el anhelo que hay en tu corazón, no importa lo que los demás piensen. Y el derramar tu alma delante de Él tampoco hará que Dios considere que estás desesperado y entonces retrasará tu bendición si el matrimonio estuviera en sus planes. La Biblia dice en Salmos 103:14 “Él conoce nuestra condición, sabe que somos polvo” lo que sugiere que Dios sabe que en ocasiones la fe menguará y que hay días donde la soledad pega más duro. Nadie más que Dios entenderá lo que guardas en tu alma. Dios es tu lugar seguro. Dice el Salmo 34:18: “Dios está cerca de los quebrantados de corazón”. La Biblia también dice en la primera parte de Proverbios 13:12 que la esperanza que se demora oprime al corazón. Dios está preparado para cargar con tu frustración. Y si te frustras, eso no quiere decir que entonces Jesús ya no es el centro de tu vida, significa solamente que eres humano.
La historia de Ana me recuerda que no hay un lugar más seguro en el mundo que la presencia de Dios, no importa cuántas veces le preguntes por qué, cuántas veces le expreses tu inconformidad o tu impaciencia, todo esto es necesario para que Dios continúe puliendo tu carácter. Dios se vale de todo eso para ir perfilando tu destino. Además, Dios te creó y sabe lo que sientes y piensas (Salmo 139), ¿Qué ganas escondiéndole a Él lo que realmente sientes si Él ya sabe que estás frustrado, triste y sin esperanza? El ir a su presencia y derramar tu vida es una señal inequívoca de que estás haciendo de Jesús el centro de tu vida. El mismo Jesús en el Getsemaní expresó su frustración y al final recibió consuelo de los ángeles. Así como Él (y como yo en su momento), recibirás consuelo también.
Otra cosa con la que me ha tocado lidiar es con esto: “Isabel, eres el premio mayor, como mujer tú no debes hacer nada, has pagado un precio muy alto” Considero que esta frase hasta cierto punto es injusta con los hombres porque conozco muchos que también han pagado un precio muy alto por parecerse a Cristo y anhelan tener a una mujer de alto valor al igual que ellos. Pero lo que más me molesta de esta frase es pensar que la mujer o el hombre es un premio. Nuestro premio mayor ya lo tenemos y es Jesucristo, finalmente ambos sexos estamos siendo perfeccionados para parecernos a Él y disfrutar la eternidad con Jesús, nadie vive esta vida exclusivamente para casarse algún día. La Biblia dice en Filipenses 3:14 “Avanzo hasta llegar al final de la carrera para recibir el premio celestial al cual Dios nos llama por medio de Cristo Jesús” Una persona no se puede convertir en un trofeo. Y ninguno es mayor que el otro.
El hombre es conquistador por naturaleza y confieso que me encantaría un hombre que me procure y me conquiste, pero también sé que como mujer tengo una responsabilidad ¿Acaso el verso que dice que la fe sin obras es muerta no se refiere también a esto? Considero que este verso también puede ser perfectamente aplicado en el caso de las relaciones. Como mujeres sí podemos hacer algo, tenemos la responsabilidad de trabajar en nuestra área espiritual, emocional, física y social. No todo es oración y ayuno porque no solo somos espíritu, por ejemplo, te sugiero consultar al terapeuta por medio del cual Dios puede traer sanidad a tu área emocional. Debes exponerte, socializar, mostrarte amigable. Mujer, difícilmente ese hombre va a llegar a tocar la puerta a decir que es el enviado del Altísimo. Hombre, difícilmente esa mujer saldrá contigo si no tomas el riesgo de abordarla. Te sugiero cuidar tu área física, después de cierta edad ya no es un tema de estética sino de funcionalidad, no es lo mismo tener hijos en los 20s que en los 40s, así que es necesario que fortalezcas tu cuerpo y te prepares. Eso también es poner la fe por obra.
Mi invitación es a que ni te sientas menos espiritual porque lo anhelas, ni que creas que, si lo anhelas, es porque Jesús no es el centro de tu vida. Aún no ha llegado mi esposo, y sigo anhelando con mi corazón tener una familia, pero creo que mi vida refleja que Jesús es el centro. Ten cuidado con los mensajes que aceptas que lleguen a tu vida sobretodo de personas que no son precisamente un ejemplo para ti. La culpa y la vergüenza solo tienen una fuente y es el diablo. Muéstrale a Dios tu dependencia diariamente entregándole ese sueño, si vienen lágrimas, si en algún momento pierdes la esperanza, no te sientas culpable, no se es menos espiritual porque anhelas, aunque te digan lo contrario. Si ese sueño vibra en tu corazón, ora, prepárate, si te caes y pierdes la esperanza vuelve a levantarte, no estás retrasándote, estás avanzando, cada día estás más cerca de tenerlo si ese es el plan de Dios para tu vida.
Finalmente, hago un llamado de atención especial a aquellos casados que a veces hablan con tanta ligereza (sobre todo aquellos que se casaron muy jóvenes) para que procuren ser más empáticos con sus amigos solteros y no reduzcan la frustración de sus amigos al decirles solamente “Dios no te ha dado tu esposo quizá porque Él no es el centro de tu vida”. Sigue anhelando y sigue creyendo, estás más cerca de lo que imaginas.
Isabel Cristina Ocampo Quiceno





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