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El matrimonio no es un premio, es un acto de gracia

  • 3 mar
  • 5 Min. de lectura

Debo admitir que como mujer soltera una de las cosas que más daño me hacía, era pensar que mi futuro esposo vendría como consecuencia de mi desempeño. En últimas, esto quería decir que si hacía más entonces obtenía más, y como resultado, cualquier cosa que recibiera se debería más a mi capacidad de hacer las cosas que a aquello que mi Dios de gracia y bondad pudiera hacer a pesar de mi incapacidad.  


Lo que aprendí de esto vino después de analizar un pensamiento el cual fue, Dios satisfizo toda su ira y necesidad de justicia en Jesús, no hay algo que yo pueda hacer para alcanzar sus estándares, y esto no aplica solo para la salvación sino para todo en la vida. Dios no nos mira a través de nuestra justicia imperfecta, sino a través de los ojos de su Hijo justo, Aquel en el cual satisfizo todo su deseo de justicia. Esto no quiere decir que Dios no desee obediencia de parte de nosotros, de hecho la obediencia es su lenguaje de amor (Juan 14:15), lo que quiere decir es que Dios ya no necesita perfección en nosotros porque ya la encontró en Jesús. La salvación no tiene sentido solamente porque es capaz de llevarte al cielo, sino también porque te ha redimido del pecado en la tierra. 


El matrimonio no es premio que intentamos alcanzar con nuestro buen comportamiento; si así fuera. el mérito sería completamente nuestro. El matrimonio si está en el plan de Dios para tu vida es un acto de la misericordia de Dios contigo, un Dios que ya satisfizo sus altos estándares en la Persona de Jesús. Es verdad que debemos intentar llevar una vida digna con la ayuda del Espíritu Santo y debemos estar pegados a la Vid (Juan 15:5), pero eso no quiere decir que en algún momento llegaremos a un punto donde Dios diga “Ya no falta trabajar más, ahora sí te doy tu premio” porque como la Biblia dice “El que comenzó la buena obra la perfeccionará hasta el día de Cristo” (Filipenses 1:6), lo que quiere decir que siempre estaremos en continua santificación. Sin Cristo nunca tendremos el carácter para sostener un matrimonio. Pensar que debes alcanzar un estándar para casarte es igual a pensar que cuando lo hagas, ya no necesitarás a Jesús porque ya alcanzaste lo que querías por tus propios medios. Debo ser sincera contigo, los planes de Dios para tu vida son tan grandes y perfectos, que sinceramente no tienes lo suficiente para encontrarte con ellos, y no me refiero a que tu valor sea poco o que seas incapaz, solamente a que tu visión es tan reducida y tu naturaleza tan débil que no hay manera de pagar o sostener un plan como el que solo un Dios misericordioso puede tener para contigo. El ingrediente principal siempre será la gracia. 


Tenemos muchos ejemplos en la Biblia de personas que siendo imperfectas recibieron su promesa. Abraham y Sara pecaron al “intentar ayudar” a Dios y de la manera más irresponsable, permitieron que Agar se embarazara. Por otro lado, Jacob engañó a su padre y tuvo que vivir en el exilio por muchos años. ¿Crees que María, la madre de Jesús, a sus escasos 14 años estaba lo suficientemente preparada para ser la madre del Mesías? Sinceramente creo que no, creo que ella fue santificada por medio de esta situación. Estas personas imperfectas como tú y como yo, alcanzaron su promesa. Ojo con esto, no estoy haciendo apología de una vida desenfrenada que no considere la obediencia, el mismo Pablo nos dice en Romanos 6:15 ¿Entonces qué? ¿Vamos a pecar porque no estamos sujetos a la ley sino a la bondad de Dios? ¡Claro que no!” lo que intento decir es que las promesas de Dios no descansan en los hombros de seres humanos llenos de imperfecciones, descansan sobre los hombros de un Dios que no puede mentir (sí, hay algo que Dios no puede hacer y esto es mentir) y que es ante todo misericordioso. Si crees que tu esposo o esposa  vendrá como consecuencia de un desempeño impecable, entonces con tu mismo desempeño tendrás que sostener tu matrimonio. 


Los casados estarán de acuerdo conmigo, si bien hubo cosas en el carácter que Dios trabajó en ellos antes de que llegara esa persona, un matrimonio nunca jamás se sostendrá básicamente en el desempeño de ambas personas, en otras palabras, un matrimonio necesita de la gracia y la misericordia de Dios para salir adelante. Quiero hacerte un llamado de atención a lo que lees o escuchas, no siempre cuando recibes una enseñanza que dice que Dios no te hado un esposo o esposa porque tienes un pecado oculto o porque aún te falta algo tiene que ver contigo. Cada caso es absolutamente particular, para todos Dios tiene un proceso y para todos no son las mismas causas, a veces puede ser cuestión de carácter sí, pero en ocasiones también será cuestión de tiempo y paciencia. Recuerda que un matrimonio no se trata solo de ti, de tu vida y de tus circunstancias, también se trata de la otra persona, su vida y sus circunstancias. Imagínate tener la presión de tener que alinear todas esas cosas para estar en pareja. Es imposible para nosotros.


Pero entonces, si  no se trata de mi sino de Él, si estoy siendo sometido al torno del Alfarero y Él continúa sacando lo que está mal en mí, ¿Por qué razón aun no llega la promesa? Me hice esta pregunta muchas veces, y esto me hizo pensar un día en la primera venida de Jesús ¿Será que el tiempo de la venida de Jesús dependía de que Maria y José estuvieran preparados para recibir a su hijo? Yo creo que Dios sí estaba trabajando en el carácter de ambos, pero reducir la venida del Salvador a lo que dos personas imperfectas pudieran hacer, me muestra a un Dios falto de amor y misericordia, me hace pensar más bien en un dictador. Al momento de la venida de Jesús se cumplieron muchas profecías (léase Mateo 1 y 2), Él debía venir en un tiempo de la historia determinado, bajo condiciones políticas, religiosas y sociales determinadas, y María y José no tenían nada que ver con ellas, ellos solo hacían parte de la misma historia que Dios estaba escribiendo. En conclusión, había un tiempo perfecto de parte de Dios para que Jesús viniera. Y creo que lo mismo pasa con un esposo o esposa (y en general con todo en la vida), hay un tiempo determinado para que las etapas de vida calen perfecto con el plan de Dios para cada uno. Recuerda que tu matrimonio hace parte de un plan mayor donde Dios es el autor principal.


Mi conclusión final es que continúes anhelando esa persona con la que sueñas, que puedas descansar en los brazos de un Padre que se deleita en escuchar los deseos de sus hijos, uno que conoce nuestra condición y sabe que somos polvo (Salmo 103:14). Ve con coraje y valentía cada día a su presencia a contarle cómo te sientes y descansa en la verdad de que ese Padre que te escucha es tan misericordioso que jamás pondría sobre ti la carga tan pesada de darte cualquier cosa solamente observando tu comportamiento.


Isabel Cristina Ocampo Quiceno



 
 
 

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